Hace unos cuantos años, en tiempos no sé si más felices pero sí más inocentes, a esta que suscribe le tocó hacer un trabajo algo peculiar para una asignatura también muy peculiar de la carrera. Carrera que ya os digo -por si os ha entrado curiosidad- que de peculiar tenía poco, más bien lo contrario. Por eso, quizás, destacaba tanto la asignatura en cuestión y destacó, TANTO, el trabajo aquel. Afinando más: la carrera era Derecho y el trabajo sobre sexualidad. Haceos idea. Y cierro el momento batallita, que no quiero aburrir.
El caso es que para aquel trabajo tuve que echar un ojo a bastante bibliografía entre la que destacaron los estudios firmados por Masters & Johnson. Recuerdo perfectamente acabar hasta el moño de tanto Masters & Johnson por todas partes y preguntarme, mucho, quiénes serían (fueron) esos dos. Quién me iba a decir a que taitantos muchos años después me los iba a volver a encontrar en forma de serie de televisión, con la voz y la cara de, reverencia, Michael Sheen y de Lizzy Caplan.
Qué cosas.