365 días es todo el buen morbo y sexo que no fue 50 sombras de Grey

19/6/20


Estos días Netflix está dando mucho que hablar con 365 días, su nueva película tórrida de turbio folleteo entre un machote de la mafia italiana y una sensual polaca secuestrada pero peleona. Y muchos dirán que la película es mala, pero lo cierto es que es una maestra en lo suyo; es todo lo buena que debió haber sido 50 sombras de Grey.

365 DNI va a lo que va. Lo que quiere es ponernos cachondos y destapar esos deseos ocultos que escondemos. La protagonista vive insatisfecha y reprimida sexualmente (¿como muchos de nosotros y nosotras?), y el choque entre su ego y el del líder de la mafia generará un juego de poder entre ambos que tendrá el sexo como campo de batalla.

Casi parece que la película, consciente de los palos que le iban a caer, trate de cubrirlo todo de un barniz pseudo-feminista: él la ha secuestrado, sí, pero no la tocará hasta que ella consienta. Ella es poderosa y contestona y juega con él como quiere. Lo cual, evidentemente, son pinceladas superficiales: al final ella se rinde a sus deseos. Es una visión frívola y tontísima de lo que sería un secuestro real (le compra cuatro vestidos y ella ya está feliz como una perdiz), pero hay que tomarla en clave de metáfora sexual.

Escena de cama en 365 días, de Netflix

Todo trata sobre el morbo del macho poderoso. El hombre seguro de sí mismo, irresistible y arrogante, que de primeras dices odiar pero que en el fondo quieres matar a polvos. Y ella, tan necesitada de un hombre, insatisfecha y orgullosa: su ego la impide aceptar que lo que necesita es justo otro ego igual de poderoso que el suyo. Es un cuento patético pero efectivo, porque las escenas de sexo son buenas y están a años luz de la basura de 50 sombras de Grey, que fue demasiado tibia y solo valió para echarse la siesta.

Podríamos hablar horas y horas de todo lo que está mal en la película, pero lo cierto es que ha arrasado en Netflix. Muchísima gente la ha disfrutado y, lo que es más: se ha excitado viéndola. El morbo de lo problemático, del juego de la dominación, vende. Eso debería hacer que nos planteemos lo jodidos que estamos como sociedad... en lugar de eso, los críticos hipócritas seguirán poniendo a parir este tipo de cine en público mientras en privado se empalman en silencio con él. El doble rasero de siempre; la incapacidad de tener una conversación honesta sobre nuestros deseos y lo que queremos.


Isidro López (@Drolope)

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